Sin miedo

Sin miedo: lo malo se nos va volviendo bueno.

No hay sueños imposibles, ni tan lejos

 

Debo confesar, que de un tiempo a esta parte, y muy despacito, mis pensamientos negativos empezaron a comerse mi ilusión, mi inquietud, mis ganas de mejorar, aquello de disfrutar de cada pasito que doy, y todas esas cosas que siempre he llevado por bandera: el sonreír, saborear, compartir… Incluso hace unos días llegué a decir en voz alta: “se me han acabado los sueños”. Una frase demasiado lapidante para mí, y que me descompuso que saliera de mis propios labios.

Yo no sé si os habrá pasado nunca, pero cuando de pronto escuchas un clic en tu cabeza, todo cambia. Es algo que te hace despertar de este estúpido estado tan letárgico y absurdo en el que entramos de vez en cuando nosotros solitos, sin que nadie nos invite.
Y es que de verdad, ¿para qué nos vamos a engañar?, somos así de raritos: de pronto un día te levantas, empiezas a reflexionar, a poner los pies en el suelo, a interrogarte con todas esas preguntitas toca pelotas de para qué estamos aquí, yo qué dejo en este mundo, qué es lo que he hecho hasta ahora, y blablabla. ¡bualá! No sabes cómo lo has hecho, pero bienvenido a la República Independiente de tu Espiral. (¿RIE? No deja de ser curioso, porque reir es la solución y la opción más válida)

Pues bien, yo me tiré de cabeza. Aún sabiendo de antemano que era un lugar al que no quería volver y que de ahí no se sale tan rápido como se entra. ¡Me fui derechita al abismo! Y os preguntaréis ¿Por qué?
Pues porqué me acojoné: me invadió el pánico, que llevaba de copiloto al futuro, y al “¿y ahora qué?” en el asiento trasero. Un coctel letal.

Pero un día como hoy, que quería acostarme pronto porqué mañana madrugo. Un día tan normal como hoy, tan igual que cualquier otro, me doy cuenta de que tengo enfrente todos los caminos para empezar andar, un millón de puertas por abrir, infinitas posibilidades de comenzar algo nuevo. Y yo… ¿me asusto? ¡Ni hablar, esto se acabó!

Aquí presento formalmente mi candidatura como arquitecto de ilusiones. Con ello asumo el riesgo de que no toda estructura aguante, pero me comprometo a encontrar los mejores cimientos para que, de ahora en adelante, cada uno de mis sueños se convierta en realidad. A partir de ahora voy a volver a caminar de puntillas, que el suelo está muy frío.

2 comentarios en “Sin miedo

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