Monólogo huidas

Me dabas mucha rabia.

Ya lo sé, no hiciste nada, sólo desnudarte, sincerarte y compartir conmigo todo lo que te daba miedo. ¿Pero… tenía que ser conmigo?

Te quitaste tus disfraces… Ya sé que no fueron todos… Pero a ti se te ve venir de lejos: Capas de pintura de esas que te protegían, las que mostraban el personaje que querías interpretar. Pero te lo quitaste todo. Decidiste abandonar por un momento tu papel….
Tu te desnudas y a mi me da rabia ¿Tiene sentido?

¿Qué por que me das rabia?

Pues…. Quizás porque tu desnudez era algo incontrolable para mí, desconcertante ¿Entiendes?.

Yo, que me tenía por una persona flexible, comprensiva y poco juiciosa, sin embargo desvelaste mi verdad aunque yo me resistiera a verlo. ¿Te diste cuenta?
Sinceramente, dudo que te dieras cuenta: soy experta en fingir: En fingir y en huir, ¿No te lo habían dicho, verdad?

Llevo escapando de ti muchos años. Vale, es cierto, quizás de ti no, pero de la gente como tu que, de esto… En fin.

Déjalo, da igual…. No lo entenderías.

¿Lo ves? Ya estoy huyendo otra vez… ¡Mierda! ¿No te das cuenta que la ambigüedad es mi mejor refugio? Piénsalo bien: cuántas cosas te he contado, cuántas veces te he dicho como me siento…. Y no es tu culpa, no te preocupes… no es que tu no escuches o que no me entiendas, o que siempre hables… Eso es una excusa, es sólo lo que yo quiero creer para justificar no mover ni un dedo cuando me das rabia. Me das rabia porque digo que eres egoísta…. No te enfades.

Lo siento…. Ahora podría irme, como siempre, dejar que pasara un tiempo, y ya está, todo estaría.

Egoísta lo soy yo, que dejo que tu te desnudes y no hago nada.

No hago nada.

No estoy enfadada contigo, estoy enfadada conmigo, con mi estupidez y con mi cobardía…. Con mi pretender que entiendas lo que quiero que entiendas sin hacer nada.

Seré tonta… ¿Y cómo lo vas a hacer, por inspiración divina? Y encima, tengo el morro de decirle a la gente que sea valiente, que nuestra actitud es determinante…. ¡Y tanto que lo es! Sino mírame a mi. Yo…. Que no hago absolutamente nada.

Me refugio…. Escribo y me escondo. Fantaseo y me escondo. Imagino y creo que con eso ya es suficiente, que eso ya me complace.

Soy incapaz de jugármela, incapaz de decirte que el día que te rompiste delante de mí no tuve el valor de abrazarte y que el día que te fuiste sabía que te echaría de menos, pero no dije nada; No dije nada porque sabía que podía llegar a quererte. Y no hice nada. Era mejor no hacer nada… Y luego digo que eres tu el egoísta…. Que arrogante puedo llegar a ser, ¿No crees?

No hace falta que contestes… Bueno, haz lo que quieras porque realmente pidiéndote que no hables voy a seguir huyendo.

Pero espera un momento, hay algo más…

¿Te acuerdas del desayuno? Tienes que acordarte…. Tu y yo no hemos desayunado tantas veces, de hecho sólo una.

Creo que ese día empecé a huir ¿Lo notaste? Si… ese día empecé a huir: hice una lista mental de “no’s”. No te rías, eh… Sabes que puedo hacerlo, y muy rápido

Quizás sea porque una vez sufrí mucho. ¿No te lo he contado nunca? Creo que me lo he contado a mi tantas veces que ya empiezo a dudar de mi propia historia… Ese es otro lugar al que me refugio. No sé si es que aún no me he perdonado algo de aquel momento… la cosa es que aprender aprendí: Aprendí que la “próxima vez” decidiría, me escucharía, respetaría mis límites y mis ritmos. Pero a lo mejor, lo que pasó en realidad, es que me convencí a mi misma de que “la próxima vez” lo haría así, pero tuve tanto miedo de no saber hacerlo que empecé a huir de cualquier situación, persona o circunstancia que implicara tener que poner mi decisión en práctica. ¡Vaya a ser que me equivoque! Yo, doña perfecta….

Pues ahora me doy cuenta de que no aprendí nada! Escurrí el bulto… y ya está. Cómo una vez que rompí el pomo de una puerta que intenté disimularlo, y…. Bueno, eso es una tontería que ya te contaré en otro momento.

Puede que ya te esté contando demasiado ¿No crees?

Deberías saber que es lo que me hizo huir aquél día, el motivo de la rabia. Yo tampoco lo entendía al principio, hasta que me di cuenta… La protección.

Si… tu, tu…. Tu desprendes eso…. No sé como explicártelo: Con sólo mirarte sé que no va a pasar nada malo Eres de esa clase de hombres que en sus ojos ves respeto… y eso me molestaba profundamente…. ¿No lo entiendes, no?

No sé porque digo “esa clase de hombres”, puestos a ser sinceros, eso no me había pasado nunca antes.

Ahora… no sé que eres, quizás no seas nada, quizás sólo seas el producto de la película qu he ido construyendo, el producto de mi refugio, pero…. Pero siento que podrías serlo todo, que podríamos ser “nosotros”.

¿Sabes lo que me da miedo de esto? Estar volviéndome un poco loca… Ayer mismo escuché tu nombre en 3 lugares distintos, y el corresponsal en no sé que país en el telediario se llama igual que tú. Te aseguro que no tengo ni la más remota idea de lo que contaba que pasaba en ese país, porque me quedé idiota pensando: “mira, como el”. Eso de ver señales… que al final ves lo que quieres ver y te parecen señales lo que estás dispuesto a que te lo parezcan, ¿no crees? Pero es que… creo que me estoy pasando. Luego dicen que el amor es un estado de locura transitoria…. Ya claro, venga…. Pero dónde está el límite de esa locura. Crees que alguien dice todo lo que siente de verdad….

Creo que podría decir que me he convertido en una asesina en serie de todos mis demonios; para aceptarte a ti, he tenido que aceptar muchas cosas mías.

Nosotros…. Es bonito ¿no?

2 comentarios en “Monólogo huidas

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